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“No es lo mismo vivir al día, que vivir organizados”: Lo que aprendí sobre resiliencia en un grupo de ahorro Comunitario.

Por: Yohana Cardenas
Líder Técnico GACL

Hace un tiempo, alguien en una comunidad me dijo algo que no he podido olvidar: “No es lo mismo vivir al día, que vivir organizados”. Esa frase, tan simple, encierra una verdad enorme que he confirmado una y otra vez en mi trabajo.

Solemos pensar que la diferencia entre superar una crisis o ser arrastrado por ella está en cuánto dinero se gana. Pero la realidad, especialmente en contextos de pobreza extrema en Colombia, me ha mostrado algo distinto: La verdadera diferencia está en la organización. Y ahí es donde el ahorro comunitario juega un papel que va mucho más allá de lo financiero.

¿Por qué un grupo de ahorro es más que una “caja de dinero”?
Para mí, un grupo de ahorro comunitario no es solo una metodología para guardar monedas. Es una estructura invisible que sostiene hogares. Es el espacio donde un grupo de personas decide, con reglas claras y confianza, que juntos pueden más que separados.

 

En estos grupos he visto cómo las personas:

  • Aprenden a ahorrar, sí, pero sobre todo a priorizar.
  • Acceden a pequeños préstamos que ningún banco les daría, pero que les salvan un negocio o un día difícil.
  • Construyen un hábito, y el hábito, con el tiempo, se convierte en cultura financiera.

Y es esa cultura, la que nace de la práctica diaria y colectiva, la verdadera base de la resiliencia. Porque la resiliencia económica no es un milagro, es un músculo que se ejercita cada semana en una reunión comunitaria.

Habilidades que trascienden el bolsillo: una escuela de liderazgo

Lo más fascinante de acompañar estos procesos es ver cómo, sin buscarlo, se convierten en escuelas de liderazgo. En cada reunión, los participantes no solo están administrando un fondo; están:

  • Aprendiendo a organizarse: Elaborando presupuestos, llevando cuentas claras, entendiendo de dónde viene y a dónde va cada peso.
  • Ejercitando la democracia: Decidiendo en colectivo las reglas, los montos y a quién se le presta.
  • Siendo transparentes: Porque en un grupo donde todas se conocen, la rendición de cuentas no es una opción, es la base de la confianza.

Estas habilidades no se quedan en la puerta de la reunión. Se llevan a la casa, al emprendimiento y a la comunidad. La persona que aprende a administrar un fondo colectivo, luego se siente capaz de coordinar una junta de acción comunal o impulsar un proyecto productivo. El liderazgo comunitario no se decreta: se construye con organización.

Las mujeres: el motor silencioso de la autonomía económica
Si hay un rostro en estos grupos, es el de las mujeres. En los territorios rurales y urbanos de Colombia, son ellas quienes con mayor frecuencia toman la iniciativa. Y no es casualidad.

Ellas ya administran el hogar, priorizan el gasto, estiran el presupuesto y son las primeras en buscar soluciones cuando llega una crisis. El grupo de ahorro no les da algo que no tuvieran; les da una herramienta para potenciar lo que ya son.

He visto cómo, al participar, una mujer no solo mejora sus ingresos. Fortalece su confianza para tomar decisiones, construye redes de apoyo que son un salvavidas en emergencias y, sobre todo, comienza a verse a sí misma como un agente económico capaz. La autonomía económica empieza con esa confianza.

Organización: el primer peldaño hacia un sistema financiero sano
A veces se cree que la inclusión financiera es simplemente “dar acceso” a un banco o un crédito. Pero la experiencia nos ha enseñado que el acceso sin preparación puede ser una trampa de sobreendeudamiento.

El ahorro comunitario, en cambio, prepara el terreno. Primero se construye:

  • Disciplina: el hábito de apartar un dinero, aunque sea poco.
  • Un historial: que no está en una central de riesgo, pero sí en la confianza del grupo.
  • La capacidad de planificar: antes de pedir prestado, se aprende a calcular si se podrá pagar.

Cuando una comunidad llega a este punto, el sistema financiero formal deja de ser un riesgo y se convierte en una oportunidad real para crecer. Por eso, el ahorro comunitario no lo sustituye; lo complementa y, sobre todo, lo prepara.

Para mí, el ahorro comunitario es la prueba de que el desarrollo económico sostenible no se impone desde fuera. Nace cuando las comunidades descubren su propia capacidad de organizarse y de confiar.

Cuando el ahorro se convierte en un hábito colectivo, la resiliencia deja de ser una palabra bonita o una aspiración lejana. Se transforma en una práctica diaria, tangible, que permite a las familias no solo sobrevivir a las crisis, sino también soñar con un futuro mejor.

En Opportunity International Colombia creemos firmemente en este poder. Porque cuando una comunidad se organiza, no solo construye resiliencia económica: construye tejido social, construye confianza y, al final, construye paz.

Si quieres conocer cómo los Grupos de Ahorro están fortaleciendo la resiliencia económica en comunidades rurales y urbanas de Colombia, te invitamos a explorar más sobre esta metodología y su impacto.

Descubre cómo funciona el programa aquí.

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